Los Cambios Nunca Cambian

Autor: CipSoft
Publicado por: Araluxie (05/12/2016)
Traducido por: Araluxie
Enviado por: Araluxie
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Tibicus era un hombre valiente que vivió muchas aventuras en Tibia. Peleó contra numerosos orcos en Ulderek's Rock, masacró a incontables dragones, encontró al mad mage y exploró cada cueva profunda en el corazón de las Minas de Formogar.
Hasta ahora, había sobrevivido a todos y todo gracias a su armadura. Una armadura que portaba en todas las situaciones, una armadura que lo protegía de toda clase de criatura con la que peleaba y que nunca le ha fallado Estaba acostumbrado a llevarla y no veía motivo para cambiar a una armadura diferente, incluso si esto conllevaba tener menos protección en varias áreas.

Meses y años pasaron, y Tibicus masacró hordas de monstruos mientras incontables golpes pesados de espadas, hachas y misiles mágicos no dejaron su armadura intacta.
Podía contar una historia acerca de cada rasguño profundo y grieta en su pechera y lo hacía sentir nostálgico el hablar de sus logros pasados. Por ello se quedó con su armadura aún cuando se iba deteriorando.

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Entonces pasó lo que tenía que pasar: Tibicus fue gravemente herido durante una batalla extenuante con criaturas muy superiores a el y los miembros de su equipo. Estaba peleando contra dos demons y un tercero trató de atacarlo por la retaguardia. Tibicus reconoció la emboscada de los demons justo a tiempo y fue capaz de esquivar el primer ataque, pero fue golpeado contra una roca un segundo después. Sus huesos hicieron un sonido de crujir pesado al chocar contra la dura roca y sintió el tibio líquido rojo flotar hacia su garganta incansablemente. Sintió un increíble ardor en su pecho y al mirar hacia abajo Tibicus vió las heridas profundas que las garras del demon habían cortado en su piel. Mientras trataba de parar el sangrado analizaba el área, desesperadamente buscando una posibilidad para escapar. La roca contra la cual había sido lanzado estaba en el área externa del campo de batalla, lo que le dió tiempo suficiente para arrastrarse fuera de la zona de peligro.
La fortuna le favoreció pues los monstruos estaban distraídos y repelidos por el aroma de la sangre y muerte de sus compañeros asesinados permitiéndole escapar de ese agujero infernal. Con su última onza de fuerza llegó quejándose y gruñendo lastimeramente a los pies de un templo. La mañana siguiente un priest lo encontró acostado inconsciente en un charco de su propia sangre entre dos pilares y lo llevó a sus aposentos para proporcionarle los cuidados apropiados.
Por varios días, Tibicus estuvo al borde de la muerte y los priests estaban a punto de rendirse con el, cuando lentamente abrió sus ojos luego de dos semanas en un estado comatoso. Tuvo un escape suertudo pero casi no logra sobrevivir. Su armadura una vez más había sido capaz de debilitar el impacto en su cuerpo, pero lo que quedaba de su equipamiento estaba ahora en un estado devastado...

Tibicus reunió a los mejores herreros y magos de Tibia para restaurar su amada armadura, pero ninguno fue capaz de cumplir sus deseos completamente. Intentaron cuanto pudieron, arreglaron y mejoraron muchas cosas e hicieron la armadura volver a un estado útil.
Sin embargo había algo que nunca serían capaces de arreglar: la antigüedad de la armadura.

Continuó su viaje y parecía que la armadura hacía su trabajo y lo protegía de los ataques de monstruos. Era suficientemente buena para el momento, pero la certeza inevitable comenzó a hacerse evidente, que no duraría para siempre. La armadura estaba retrasando su progreso y respecto a las áreas no exploradas ocupadas por habitantes brutales y poderosos de los cuales sólo saben las leyendas, él sabía que no tendría chance de sobrevivir en estas tierras si tenía su vieja armadura equipada.

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Un día, conoció a un hombre viejo que llevaba una vida apartada en el bosque profundo. Ellos entablaron una conversación larga y como se hacía tarde, decidieron hacer una fogata para compartir algo de carne en barbacoa. El viejo resultó ser un talentoso cocinero. La boca de Tibicus se hacía agua mientras una jugosa, suculenta pierna de venado y pescado tierno invadían el aire con sus esencias aromáticas. Poco después, ambos estaban llenos de tanto comer y sentados cerca del fuego disfrutando de la noche pacífica y calmada.
"He conocido muchas personas en mi vida," murmuró el viejo, "pero alguien como tú, alguien como tú es difícil de encontrar. Tu pasión por el combate es admirable, puedo decir eso. Has vivido a través de mucho dolor, sin embargo tu ánimo de lucha permanece sin cambio. Mucha gente podría tomar una hoja de tu libro, si me preguntas. Pero dime, algo te molesta, puedo verlo en tus ojos."

Tibicus miró hacia el fuego y suspiró: "Oh, tu sabes, es mi armadura que me preocupa mucho. Está vieja y frágil pero no puedo reemplazarla por otra. Fue parte de mi vida por tantos años. No puedo simplemente desecharla como si fuese inútil."
El viejo no dijo palabra alguna, ambos se sentaron callados cerca del fuego y vieron las brasas abrirse paso a través de la madera. Tibicus finalmente rompió el silencio luego de que se levanto para poner otro tronco en el fuego. "No es que me rehuse a reconocer que mi vieeja armadura no está destinada a formar parte de desafíos futuros, pero es tan difícil dejarle ir..."

"Ya, ya mi joven amigo. Los cambios son parte de la vida de todos. Nada está hecho para durar para siempre," dijo el hombre viejo "Pero a su vez, todo permanece constante. Sólo en una forma distinta." Tibicus no entendió el significado de esta frase. Como un niño pequeño, lo miró con ojos grandes como de pregunta pero el viejo no mostró la más leve inclinación a explicar más en detalle lo que había dicho. "Te ayudaré y crearé para tí una nueva armadura desde cero que llenará tus expectativas para que continúes tu camino. Confíame tu vieja armadura y trataré de transferirle tantas funciones de ella como pueda a la armadura nueva. No será una replica uno a uno pero haré lo que pueda. Piénsalo esta noche y dime tu decisión mañana." Tibicus no estaba realmente emocionado con la idea de dar su armadura vieja, pero el hombre mayor había logrado captar su atención. Estaba dividido entre razón y emoción y no pudo dormir ni un poco. Durante la noche se comió el cerebro pensando pero al final, su curiosidad ganó la batalla.

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El hombre viejo trabajó en la armadura sin descanso, ajustó y añadió tanto como pudo hasta que un día se acercó a Tibicus y le dijo: "Mi amigo, la hora ha llegado. He hecho tantos ajustes y mejoras como me ha sido posible y el resultado es tan cercano a tu armadura anterior como puede serlo, lo que significa que tu vieja armadura debe entrar ahora en un merecido retiro."
"No hombre viejo, no puedes ver? Se siente diferente aún llevarla, no es la misma, no quiero dejarla ir!" Tibicus gritó en furia y desesperación.
"Si, Tibicus, como ya te dije, es la misma, pero en una forma diferente. Imaginate tu vida como si fuese un reloj de arena. Al dejar ir tu armadura vieja, el último grano de arena baja y al equipar tu armadura nueva tu le das vuelta al reloj de arena. Tu existencia entera, como un reloj de arena, siempre será revertida y siempre se agotará. Todo lo que hiciste para llegar a ser el hombre que eres hoy, todo lo que te define, volverá a pasar de nuevo. Establecerás amistades y encontrarás nuevos enemigos, sentirás esperanza y duelo, cometerás errores, encontrarás alegría y fortuna así como odio y dolor. La estructura completa de las cosas que componen tu existencia no cambiará. Cada hoja de pasto, cada rayo de sol, es el mismo. Una flor florece y se desvanece en un año, y al año siguiente otra flor hará lo mismo.
Es la historia del retorno eterno, la que afecta a tu armadura, también. Así que no te aferres al pasado, déjalo ir y entenderás que todo quedó igual que antes. Los cambios pasan en todos lados y a cada rato y aún así toodo ocurre de nuevo."

Las palabras del viejo aún resonaban en el cerebro de Tibicus luego de que se fue para seguir con su viaje. Miró alrededor, todo era igual, los venados pastaban calmadamente en un claro pequeño, notó el gruñido de una patrulla de orcs en la distancia y sintió el fresco viento de otoño soplar entre su cabello. Mientras miraba hacia abajo observando su nueva armadura, sonrió y murmuró "Creo, que ahora entiendo..."
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