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[Génesis] Capítulo II: La gran creación

Autor: CipSoft
Publicado por: CipSoft (25/01/2009)
Traducido por: Legend of Recarnation
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Uman, con su sabiduría divina se dio cuenta inmediatamente que Tibiasula podía ser un poderoso aliado en el proyecto de la creación. Le preguntó si quería unir sus fuerzas con Fardos y él mismo para trabajar en la colosal tarea que estaba delante de ellos. Tibiasula, que también estaba intrigada por la idea de la creación, accedió fácilmente. Y lo que vino a pasar fue que habían tres creadores, que anteriormente sólo eran dos, y juntos se pusieron a trabajar con un vigor renovado. Esta vez, sin embargo, escogieron un enfoque diferente. Uman, quien su propia naturaleza lo había destinado a revelar secretos, se había dado cuenta de que algo faltaba, un fundamento firme en el cual se pudiera la se pudiera construir la creación. Sin él, no había manera de que se pudiera concentrar las fuerzas crudas de la creación, y todos los esfuerzos de los dioses serían en vano. ¡Y así, Uman creó el tiempo! Él sabía, que si el vacío se pusiera en movimiento y sometido al eterno flujo del tiempo, les sería mucho más fácil concentrar sus divinos poderes.

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Pero primero se tenía que crear el tiempo. En ese momento todos los dioses combinaron sus poderes. Incluso Zathroth, la parte diabólica de Uman, quien despreciaba abiertamente la idea de la creación, estaba fascinado por la idea del tiempo, y aceptó ayudar a los otros dioses en sus esfuerzos. Su oferta fue gratamente aceptada, lo que los dioses no sabían es lo que él había visto claramente desde el principio: que el tiempo mantuvo una semilla de destrucción. Él entendía que un mundo que estaba sometido al incesante pasar del tiempo sería condenado a perecer lentamente, y por esto fue que aceptó amablemente ayudar en la creación. Y así fue como todos los dioses trabajaron juntos y emitieron sus poderes combinados dentro del vacío. Y por último, un espiral gigante tomó forma en el vacío, la columna cristalina del tiempo que iba a ser el fundamento de toda la creación. Los dioses entonces se regocijaron. Zathroth, sin embargo, se regocijó, incluso más de lo que se atrevía a mostrar, porque sabía que en ese momento toda la creación sería imperfecta en una manera que no se podría deshacer.

Zathroth se había opuesto a la idea de la creación todo el tiempo, y había jurado en secreto que frustraría los planes de los otros dioses por cualquier medio. Para ese momento les había asistido en la idea de la creación y ésta fue la razón por la cual decidió matar a Tibiasula. Había tenido un rencor contra las diosas desde que ella fue creada ya que detestaba el hecho de que tenía compartir su divinidad con otra deidad. Sin embargo, su desagrado se convirtió en un odio mortal cuando vio que ella había logrado llenar el vació que él, Zathroth, había dejado por haberse negado a ayudar en el idea de la creación. Finalmente, se decidió a hacer lo impensable. Secretamente, creó una daga de gran poder en la cual puso todo su odio y su poder destructivo, un arma que estaba en condiciones de matar un dios. Entonces se sentó a esperar el momento perfecto. Y seguro de que ese momento llegaría. Un día fatídico, cuando los otros dioses tenían sus poderes exhaustos por haber terminado la poderosa columna del tiempo, Zathroth, usó la oportunidad y se llevó a Tibiasula. Inocente y completamente ignorante de las malas intenciones de su compañero, fue una presa fácil. Zathroth, le enterró la daga en su corazón con todas sus fuerzas. Mortalmente herida, la diosa se hundió hacia la tierra y de su desvanecido cuerpo desangrado comenzaron a salir los elementos fuego, agua, tierra y aire – los componentes de sus ser divino que habían sido arrancados de su harmonía por la vergonzosa traición de Zathroth.

Uman y Fardos estaban sorprendidos cuando se enteraron de los atroces hechos. Intentaron sostener a la moribunda Tibiasula, esperando que no se desintegrara en el vacío, y que se les fuera de las manos como todas las otras creaciones que habían hecho anteriormente. Cuando todo había fallado se les ocurrió un desesperado plan: decidieron hacer un poderoso conjuro que uniera el desvanecido cuerpo de Tibiasula a la columna del tiempo. Zathroth se rió en risas triunfantes, pero esta vez había cometido un error crucial, porque había fallado en escuchar cuidadosamente a las palabras que Uman y Fardos habían pronunciado, así perdió el único chance que tenía de aprender el secreto de la creación, un secreto que le sería ocultado para siempre. Uman y Fardos, sin embargo, intentaron tejer los elementos en poderosos vínculos. Pero estaba más allá de sus poderes el unirlos a su antigua harmonía, pero en cambio, lograron algo que era totalmente nuevo: La primera creación genuina.
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