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[Génesis] Capítulo I: El Despertar de los Dioses

Autor: Cipsoft
Publicado por: Cipsoft (25/01/2009)
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En el comienzo sólo había un gran vacío. Era el todo y la nada.

En este vacío dos poderosas entidades aparecieron, que eventualmente fueron conocidas como los dioses mayores: Fardos the Creator y Uman Zathroth, quien estaba combinado por dos mitades desiguales. Una de esas mitades era Uman the Wise, un dios benigno que fue dotado con un intelecto divino, mientras que Zathroth the Destroyer era la otra mitad oscura. Éstas eran las dos mitades de una entidad enigmática, y aún cuando cualquiera de las dos era capaz de actuar por sí sola como si fuera completamente independiente, no eran independientes. Estaban atados por un eterno lazo que no podía romperse, y sus destinos era uno sólo.

Nadie sabe de donde vinieron los dioses mayores, o si habían existido siempre y eventualmente despertaron de un letargo infinito. Pero en algún lugar a lo largo del camino, decidieron crear el universo. Sin duda Fardos fue el iniciador, por él fue dado el impulso de la necesidad de crear y dar la vida. El tenía poder de creatividad rebosante y una impaciencia para liberarlo, así que dio un paso hacia la existencia y comenzó a descargar sus poderes. Sin embargo, ninguno de sus intentos de creación tuvo éxito. Todas sus creaciones fueron tragadas por el vacío antes de que se completaran, y ninguna sobrevivió.

Uman Zathroth consideró los trabajos hechos por Fardos pensativamente. Uman era sagaz, y mantuvo asombrosos poderes mágicos. Sin embargo, fue impulsado por un hambre insaciable de conocimiento e iluminación. En su esencia él se asemejaba a Fardos, pero donde Fardos trabajó abiertamente y con lógica, el dominio de Uman era el reino del misterio. Aún así, compartió los intereses de Fardos sobre la creación, mientras que su oscuro Zathroth era esencialmente corrupto. Zathroth era un dios que estaba dolorosamente consciente de que sus propios poderes creativos eran muy pobres. Por esto, miro los trabajos de creación de Fardos con celos, y desde el principio estaba determinado a prevenir o por lo menos corromperlo en cualquier manera que pudiera. Fardos, quien no tenía sospecha alguna de esto, le pidió que lo asistiera porque había aceptado el hecho de que no podía lograr la creación por sí sólo, pero obviamente Zathroth se negó. Uman, sin embargo, aceptó ayudarlo. Y desde ese momento, él y Fardos trabajaron juntos en el gran proyecto de la creación.

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Desgraciadamente, sus esfuerzos combinados fueron apenas más exitosos. Tal como antes, todo lo que Fardos y Uman crearon fue tragado por el vacío justo cuando alcanzó la existencia, y los dos dioses miraron con tristeza sus creaciones deslizándose entre sus dedos como el agua a través de un tamiz. Por otro lado, Zathroth, quien había estado observando sus esfuerzos con sospecha, se regocijó. Él, ridiculizó sus esfuerzos. Sin embargo, su alegría se transformó en sorpresa y enojo cuando se enteró que algo extraño había ocurrido, algo que quizá Uman y Fardos no esperaban. Hasta el día de hoy nadie sabe precisamente que fue lo que lo causó. Quizás el poder que fue gastado atrajo otra entidad fuera del vació, o simplemente despertó otra entidad divina del letargo. Algunos incluso dicen que en una misteriosa manera el poder gastado por Uman y Fardos creó esta nueva entidad. Cualquiera que la verdad sea, una nueva diosa salió como una sirena recién nacida de su caparazón. Los asombrados dioses mayores observaron su belleza con temor y admiración, todo en ella era perfecta armonía. Decidieron llamarla Tibiasula. Zathroth, sin embargo, se paró e hirvió de enojo con un odio silencioso. Pero astuto como era, escondió su resentimiento y fingió compartir la alegría de los otros dioses mayores.
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